Mara Lezama, un activo estratégico de la 4T en tiempos de definición política

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Por Antonio Callejo

Cancún, Quintana Roo. – En el actual momento político de México —marcado por el inicio del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, un entorno internacional complejo y la reconfiguración interna de Morena rumbo a los procesos electorales de 2026 y 2027—, la figura de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama Espinosa, ya se consolidó como un perfil de alto valor, dentro de la Cuarta Transformación. En su llamado `segundo piso´.

Lejos de ser una mandataria estatal aislada en la periferia del poder, Lezama se ha convertido en una de las gobernadoras mejor evaluadas del país, con niveles de aprobación que de manera consistente superan el 55% y que la mantienen en los primeros lugares de rankings nacionales como los de la muy reconocida Consulta Mitofsky. Este desempeño no es menor en un contexto donde varios gobiernos estatales de Morena enfrentan crisis de gobernabilidad, seguridad o desgaste político acelerado.

Gestión con estabilidad en un entorno volátil

Desde su llegada al cargo como la primera mujer gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama ha construido una narrativa de gobierno basada en el llamado humanismo mexicano con corazón feminista, alineada con los principios discursivos de la 4T, pero acompañada de resultados tangibles: contacto directo y constante con la ciudadanía, inversión en infraestructura social, fortalecimiento del sistema de salud, atención a rezagos históricos y una relación institucional estable con el sector turístico, clave para la economía nacional. 24/7 es unos de sus lemas, y lo cumple.

No es casual que la presidenta Claudia Sheinbaum haya destacado públicamente la estabilidad política y el desarrollo de Quintana Roo. En una administración federal que privilegia gobernabilidad, control de crisis y certidumbre frente a inversionistas y socios internacionales, el desempeño de Lezama representa un activo confiable, no un factor de riesgo.

Contrastes incómodos dentro de Morena

El posicionamiento de Lezama se vuelve aún más evidente cuando se le compara con otros mandatarios de Morena que han enfrentado escenarios adversos.

En Guerrero, Evelyn Salgado ha visto erosionada su imagen por su ausencia en el paso de un devastador huracán, y una sucesión de crisis de seguridad y cuestionamientos sobre gobernabilidad.

En Sinaloa, Rubén Rocha Moya ha padecido una narrativa pública dominada por la violencia y la percepción de incapacidad para contenerla. Sin mencionar sospechas de ligas con el crimen organizado.


En Campeche, Layda Sansores llegó a ocupar los últimos lugares de aprobación, alimentando escenarios de posible alternancia política.

Estos contrastes no son solo anecdóticos: pesan en la toma de decisiones internas de Morena y en la valoración que hace la Presidencia sobre quién suma y quién resta al proyecto nacional.

El caso Baja California y la lectura internacional

A este panorama se suma un elemento que muchos actores políticos locales parecen subestimar: la dimensión internacional. El reciente caso de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, a quien el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa, encendió alertas sobre el escrutinio externo al que están sujetos los gobiernos estatales fronterizos y estratégicos.

En ese contexto, Quintana Roo —puerta turística de México al mundo, con fuerte presencia de capital extranjero y una relación constante con Estados Unidos y Europa— requiere liderazgo político estable, confiable y sin flancos abiertos. Mara Lezama cumple ese perfil. Pensar que será marginada o “castigada” en la toma de decisiones rumbo a 2027 es no entender ni el tablero nacional ni el internacional.

2026, 2027 y la ingenuidad política

Aunque Quintana Roo no elegirá gubernatura hasta 2027, el año 2026 será clave para la definición de candidaturas a diputaciones federales, locales y presidencias municipales. En ese proceso, la gobernadora tendrá un peso determinante.

Resulta ingenuo —por decirlo suavemente— suponer que una mandataria bien evaluada, con respaldo presidencial y resultados comprobables, quedará fuera de la mesa donde se analicen y decidan las candidaturas. Morena, hoy más que nunca, privilegia perfiles que garanticen continuidad, gobernabilidad y competitividad electoral.

Un perfil que suma, no que estorba

En el concierto nacional de la 4T, Mara Lezama no es una figura decorativa ni un liderazgo local de ocasión. Es una gobernadora que suma políticamente, que aporta estabilidad a la presidencia de Claudia Sheinbaum y que contrasta favorablemente con otros gobiernos estatales de su mismo partido.

Quienes apuestan a su aislamiento político, o imaginan que será relegada en las decisiones de 2027, parecen leer el escenario con lentes del pasado. Hoy, en Morena y en la Presidencia, el capital político se mide en resultados, confianza y capacidad de gestión. En esos rubros, Mara Lezama juega en la primera línea.

Y eso, guste o no a sus detractores, la mantiene dentro de la mesa. No fuera de ella.

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