
Por Miguel Borge Martín
Tengo recuerdos particularmente imborrables de dos acontecimientos ocurridos durante mi gestión de Gobernador: el Huracán Gilberto y los Incendios del año siguiente. /Hoy les platicaré del huracán Gilberto.
El Martes 13 de Septiembre de 1988, entre las 10 y las 11 de la noche, cuando el huracán Gilberto ya se encontraba cerca de las costas quintanarroenses, fuimos perdiendo comunicación telefónica con el norte del estado: primero Cozumel, después Isla Mujeres y luego Cancún. /Por la información que obteníamos de los medios de comunicación disponibles en ese entonces, sabíamos que se trataba de un súper huracán, con vientos sostenidos muy fuertes y ráfagas que rebasaban los 350 Km/h. /Sabíamos también, por las imágenes que recibíamos, que el huracán se desplazaba sin cambiar el rumbo, siguiendo una trayectoria definida por su enorme masa inercial. /Pensar que la dirección se modificaría era una mera ilusión, como si pudiésemos modificarle el rumbo a un portaviones pegándole con una pistola de juguete. /El huracán apuntaba a Quintana Roo y pegaría en un punto muy cercano a Cancún.
Sabíamos que nos iba a pegar, pero no sabíamos el tamaño de las consecuencias que acarrearía su impacto, aunque imaginábamos un escenario desastroso porque se trataba de un súperhuracán, con baja presión en su núcleo y un desplazamiento lento, que había sido calificado por el Centro de Huracanes de Miami como “el huracán del siglo XX”. /Recordemos que al momento de su impacto las olas producidas por “Gilberto” alcanzaron una altura de poco más de 10 metros.



Desde el Lunes 12 de Septiembre comenzamos a prepararnos para salir el Miércoles 14 de Septiembre a las 8 am hacia la zona de impacto del huracán con un convoy de 11 autobuses y un grupo grande de voluntarios que realizarían labores de limpieza y apoyo pata el restablecimiento de los servicios básicos. /Los compartimientos de equipaje se llenaron con comestibles no perecederos y agua para la población afectada. /La noche anterior a la salida del convoy, había salido maquinaria pesada para limpiar la carretera de árboles derribados por el huracán.
El Miércoles de la salida desayuné temprano con mi esposa Rosalía y mis hijos, Gabriela de 13 años y Jorge Antonio de 11. /Poco antes de las 8 am me paré de la mesa para salir y mis hijos no me dejaban salir por temor a lo que pudiera pasarme. /No los podía calmar hasta que se me ocurrió decirles que “pasando el tiempo se iban a poder decir muchas cosas de mí, menos que había sido un cobarde”. /Eso los calmó y me dejaron ir. /Salimos con el convoy -yo iba en la primera fila detrás del conductor del primer autobús- y a la altura del aeropuerto, al recordar lo que había pasado con el Janet en Chetumal, se me agolparon los sentimientos de tristeza, imaginando lo peor.
Nuestra primera parada fue Carrillo Puerto, donde todo estaba prácticamente normal con vientos leves. /De ahí seguimos hacia Tulum, donde no tuvimos solicitudes importantes de apoyo, a pesar de ser colindante con el mar y estar más cerca del huracán; sin embargo, en el entronque con el ejido de Pino Suárez, prácticamente toda la comunidad se había protegido en la escuela y salió para que les entregáramos agua y víveres. /En el muelle de Playa del Carmen los vientos y el oleaje eran todavía fuertes y comenzamos a apreciar los daños ocasionados por el huracán, como ventanales y techos desprendidos, muebles en la calle y postes derribados. /Llegamos a Puerto Morelos y la gente se había movido hacia la parte alta donde los camiones de carga con destino a Cozumel estaban en fila por no poder cruzar. /El viento y el oleaje habían arreciado y la gente me pidió autorización para abrir las cajas que llevaban alimentos. /Les dije que con orden abrieran las necesarias y que el gobierno del estado respondería. /Algunos voluntarios se quedaron ahí para ayudar a la población local. /Un poco al norte de Puerto Morelos nos encontramos la estación de reproducción del caracol rosado totalmente destruida; el viento y el mar habían “barrido” con todo.
Como 2 kilómetros antes de llegar a la Plaza de la Reforma en Cancún, un numeroso grupo de personas que se había guarecido en una construcción abandonada salió en medio de la obscuridad a pedir comida. /Les dimos alimentos y bebidas y llegamos al centro de Cancún como a las 7 de la noche donde nos encontramos a mucha gente. /Ahí le dije al Presidente Municipal, el Ing. José González Zapata (QEPD), que no usaríamos vehículos en distancias cortas para que la gente pudiera acceder a nosotros. /Los voluntarios que habían llegado con nosotros se hicieron cargo de distribuir las ayudas que llevábamos y a ayudar a despejar las áreas de escombros y basura. /Yo continué recorriendo solo los poblados de la carretera libre a Mérida y observando con las luces del vehículo los daños que habían sufrido las pequeñas comunidades y sus sembradíos de maíz que ya estaban casi listos para la cosecha, y que quedaron ‘acamados’. /Así llegué hasta Chiquilá y de ahí me regresé a Cancún, llegando como a las 4 de la mañana. /Ya era Jueves 15 de Septiembre.



Por la mañana le pedí al Comandante del Batallón establecido en Cancún, que nos apoyara con retenes en los dos extremos de Isla Cancún, para permitir el paso a la Zona Hotelera únicamente a los propietarios de negocios con las personas que trabajaban con ellos. /Después, cuando quise pasar con mis acompañantes por primera vez no me lo permitían y tuvimos que hablar de nuevo con el Comandante para que nos dejaran pasar. /Que bueno porque así se evitaron posibles saqueos y desorden, porque mucho mobiliario y equipo (colchones, burós, lámparas, etc.) de los hoteles se encontraba tendido sobre la Av. Kukulkán. /La policía municipal quedó a cargo de la vigilancia y el orden en la ciudad.
En medio de la gente que atendíamos en la Plaza de la Reforma, llegó una persona bastante alterada, pidiendo que se le ayudara a sacar el barco que se había metido en su hotel. /Le pedí que me esperara pero que al día siguiente yo estaría ahí para ver qué era lo que se debía hacer y organizar lo conducente. /Seguía alterado y me pidió que no le fuera a fallar, que era muy importante sacar el barco de su hotel. /Tenía que viajar a Chetumal para llegar a la ceremonia de “El Grito”, y horas antes le había pedido a la Policía Federal de Caminos (PFC) que localizaran por favor a mi esposa, que con un grupo de señoras voluntarias estaban recorriendo las poblaciones para entregar ayuda. /Al Ing. González Zapata le pedí que se realizara la ceremonia de “El Grito” de manera austera, comenzando por informar a la población de cómo estaban las cosas y qué se estaba haciendo para regresar a la normalidad. /A mi esposa y a las señoras que la acompañaban nunca las encontró la PFC. /Después supe que habían pasado la noche de ese 15 de Septiembre en lo que había quedado del Hotel “Molcas”. /En el avión fui preparando mis notas de lo que dije antes de dar El Grito en Chetumal.
Al día siguiente, después del desfile, regresé a Cancún y fui a ver el barco que se había incrustado en un hotel. /Era un barco cubano de nombre “Portachernera” que, efectivamente, se había incrustado en el hotel “Las Perlas”. /El dueño del hotel, que seguía alterado amenazaba con poner una demanda y le dije que no lo hiciera porque sería una demanda internacional y podría llevarse años sin que el barco se pudiera mover. /Llamamos “prácticos” de Ciudad del Carmen y de Cozumel para mover el barco, pero los ‘ecologistas’ impidieron que se escarbara un poco para darle un mínimo de flotación al casco y jalarlo nuevamente al mar. /Finalmente el gobierno de Cuba dejó como pérdido el barco, pero lamentablemente hubo que cortarlo en pedacitos con oxiacetileno. /El hotel Las Perlas quedó libre del Portachernera.
No puedo dejar de mencionar que la rápida recuperación que tuvimos de las afectaciones que nos produjo el Gilberto, se debió al trabajo de mucha gente, de los voluntarios y de muchas dependencias y entidades públicas federales, que recibieron instrucciones directas del Presidente Miguel de la Madrid (QEPD) al visitar el estado para supervisar los daños y los avances en la recuperación: ”Todo el apoyo para regresar a la normalidad” dijo a todos los que lo acompañaban en el avión presidencial. /El Gobierno Federal no nos dejó solos.


Hay dos anécdotas que podría no platicarles, pero que quiero compartir con ustedes. /La primera, que al despegar de Cozumel con rumbo a Cancún, el avión presidencial se sacudió tan fuerte y tan bruscamente, que estableció una emergencia en el vuelo. /Yo estaba sentado frente al Presidente, viendo hacia atrás, y el Secretario de la Defensa estaba a su lado, pero al sacudirse el avión se lanzó a proteger con el cuerpo al Presidente. /Desde mi lugar yo podía observar el ala, los alerones y los ‘flaps’, de manera tal que cuando la situación se regularizó le dije al Presidente: “El vuelo ya se estabilizó y ya no tenemos problema Señor Presidente”. /Recuerdo que en uno de sus comentarios el Presidente dijo (y repito casi textual): “Ya tuvimos San Juanico, los terremotos del 85… y ahora el Gilberto; sólo falta que se desborde el Río Santa Catarina”. /Y el Gilberto, al chocar con la Sierra Madre Oriental soltó toda el agua líquida inestable que no había dejado caer sobre Cancún, ocasionando una tragedia a nuestros hermanos de Nuevo León.
Podría seguir platicándoles, pero dejo hasta aquí mi relato, para presentarles un resumen muy apretado de lo que significó el paso de Gilberto por el norte de Quintana Roo: Los daños afectaron en un 61% al turismo, un 20% al sector agropecuario y un 12% a la infraestructura urbana. Se perdieron 61,500 hectáreas de maíz, 12,500 hectáreas de praderas y 300,000 aves. /El 60% de la capacidad instalada del sector pesquero y el 30% de las carreteras estatales resultaron afectadas. /Los muelles de Cozumel, Punta Sam, Isla Mujeres, Puerto Morelos y Playa del Carmen registraron daños. /Se perdieron 300 embarcaciones y 40 embarcaderos resultaron con daños, al igual que 550 establecimientos comerciales y poco más de 13,000 viviendas. También se dañó el 40% de las instalaciones y equipos de las unidades de salud, y el 77% de los edificios escolares.
Sin embargo y pese a ello, la coordinación y la solidaridad con la que se llevó a cabo la reconstrucción hizo posible que Cancún registrara un triunfo, como se consignó en aquella famosa y ahora histórica manta, en la que se anotó el marcador: “Cancún 1, Gilberto 0”.

